LA JUNGLA
DE CRISTAL (John McTiernan/1988)
¿Quién no ha visto el clásico de acción de los ochenta La
Jungla de Cristal? ¿Hay algún desalmado que no la haya visto? Si no la has
visto, sí, tú, te hablo a ti... ¿Necesitas un abrazo? ¿Todo bien en casa?
Si eres una persona normal, la habrás visto. (Ahí,
discriminando desde el inicio). Ya has disfrutado de su trepidante ritmo, de
sus hostias como panes, de su carismático protagonista y de su acción ilimitada
y, por otro lado, carente de sentido. ¿Pero a quién le importa? Las hostias
molan, molan mogollón, y si el que las reparte es Bruce Willis... Ahhhh... Doble
ración de gustirrinín.
En esta película la acción de sitúa dentro de un edificio
lleno de cristales (de ahí el título La jungla de cristal), aunque
realmente la película se titula Die hard (algo así como Duro de matar).
Mi inglés no es muy avanzado, más bien, va pa atrás… pero creo que la
traducción no viene siendo exacta.
¿Esto por qué lo hacen?
Aunque no es el caso más doloroso que he visto. Aún
recuerdo la película Teen Wolf, que con mi inglés de Michigan (tirando
la tercera calle a la izquierda, en el lado norte) se traduce como El
adolescente lobo o algo así. Pues alguien consideró que era buena idea traducir
la peli por… ¿Preparados? De pelo en pecho.
¿Qué?
Quiero decir… What?
Pero… pero… ¿Por qué? ¿Alguien tiene la menor idea de por
qué a un individuo supuestamente racional le sonaria bien De pelo en pecho?
Pero como siempre digo... ¡Vamos al grano, hermano!
LA TRAMA
Para despistados y ... No sé... ¿Cegatos? Aviso...
¡¡SPOILERS!!
El policía John McClain (Bruce Willis, por supuesto)
viaja desde New York a California para reunirse con su mujer. El edificio donde
ella trabaja es tomado por unos terroristas y John se verá obligado a librar
una ardua batalla para liberar a su mujer y al resto de los rehenes. Al final
lo consigue. Y fin.
TRADUCCIÓN
El agente John McClain (que tiene nombre de marca de
tabaco, de tabaco para tíos duros) viaja a California porque su matrimonio no
está muy fino. A su mujer la ha contratado una empresa japonesa, que tiene un
nombre japonés para su edifio japonés. La cosa es que gana bien de pasta. Llega
al edificio japonés donde ella trabaja, que es alto, muy alto, y lleno de
ventanas, muchas ventanas. Unos terroristas europeos (sabemos que son europeos
porque hablan raro y usan el mismo tinte de pelo que el prota de The Wicher,
a lo rubio pollo) se hacen con el edificio, matan al jefe y los secuestran a
todos. A todos menos a él. Y así él solito y ... ¡descalzo!, sí, sí, él solito,
y con la única ayuda de una pistolita, se carga a todos los secuestradores
armados con lanzamisiles y rifles de asalto. ¡Ahí es ná! Y fin.
Esta película parece creada para el lucimiento de su
protagonista, Bruce Willis, que, para deleite del público, y tras el éxito de
Luz de Luna, reapareció en la gran pantalla, con más pelo de lo que recordaba (yo
creo que ni el propio Bruce recuerda haber tenido tanto pelo jamás), con
el torso tonificado, muy tonificado, y más macho que nunca. Macho en plan macho
de los ochenta, en plan varonil, en plan que usa colonia Varon Dandy y
escupe tabaco.
Esta película va de frente, no oculta lo que pretende, todo lo contrario. A los cinco minutos de película el mismo protagonista ya te ha explicado que es poli, que viene de New York, que su mujer se ha traslado a California por trabajo y que su matrimonio pende más de un hilo que… que Tom Cruise en… en...esto… En cualquiera de sus películas de acción. ¿Para qué perder el tiempo desarrollando al personaje poco a poco? ¿Para qué molestarse en que el espectador vaya descubriendo progresivamente el pasado y las circunstancias del protagonista? Hay que situarse rápido e ir a lo que importa: ¡Las hostias! (Quién dice hostias dice explosiones, balas volando, roturas de cristales con la cabeza, sangre, estrangulamientos con cadenas… y un largo etc de situaciones peligrosas y grotescas, pero que molan un montón).
Esta película es antigua y lo notas desde el inicio. Lo
notas porque no hay móviles, porque escuchan música en el coche en un radiocasete
y cintas, porque los ordenadores supuestamente “modernos” de la empresa tienen
letras verdes (de esas del Paleolítico) y las pantallas gordas (muy gordas) y
porque los peinados, sobre todo los de ellas, harían las delicias del mismísimo
David Bowie.
Cuando los malos llegan al edificio lo hacen en un camión
que ya ves que es un transporte para malos. Los malos son grandes y extranjeros.
Sobre todo, grandes. Tengo armarios del Ikea más compactos y pequeños que esos bestias.
¿De dónde sacarán la idea de que los europeos son altos? ¿No habéis viajado a
España o qué? Estereotipos aparte, o no tan aparte, reconoces enseguida al
jefe, al malo malísimo, al Final Boss. Lo reconoces porque es el que
lleva perilla (la perilla no engaña) y porque la cámara tiene la delicadeza de
seguirle todo el rato.
A nuestro amigo John, el asalto del edificio donde
trabaja su mujer, le pilla en camiseta y sin zapatos. Pero no con cualquier
camiseta, no... ¡Camiseta imperio! Que es la que usan los hombres muy hombres.
Aquí fue cuando me di cuenta de que Bruce ya tenía más pelo en el pecho que en
la cabeza. ¿Eso no te daba algún indicio de… no sé…. Incipiente alopecia o algo,
Bruce?
Los malos entran en el edificio y se cargan al vigilante
de seguridad que es como Lorenzo Lamas, pero en versión low cost, y después
irrumpen en la fiesta de Navidad de la empresa, secuestrándolos a todos, señorita
Gennero, incluida (la mujer de John, que pasa de usar su apellido). ¡Qué
descaro!
Me gustaría hacer un alto en el camino para comentar esta
fiesta navideña de empresa. A ver, que ya sabemos que en las fiestas de empresa
siempre hay alguno que acaba más pinplao de lo que debería... alguno o
alguna que se enrolla con otro... alguna discusión.... pero… ¡Es que esta
fiesta es una bacanal romana! Dejando de lado que hay más laca que en un
concierto de Europe en los ochenta... Hay gente en los despachos
intimando encima de las mesas... esto... ya me entendéis... hay incluso alguno
haciéndose una raya... en el pelo, por supuesto... Esta fiesta está a otro
nivel.
Nivel Charlie Sheen diría yo.
¡Hola! ¿Qué tal Charlie?
Ya haré el análisis de alguna película buena tuya.
Esto…
Em…
¡Ya te haré alguna crítica!
A todo esto, mientras los malos interrumpen el festival
de depravación made in Japan, John se esconde y empieza a matar armarios
empotraos. Por cierto, el doble de acción de Bruce, también tiene el
doble de pelo… Fíjate, fíjate. Es que no un poco… no… Lleva un pelos… Que digo
yo… que se lo podrían haber cortado un poco, ¿no? Pa igualar y eso.
John, antes de matar a los malos, se aprende sus nombres.
Él mata, pero es muy detallista. Es tan detallista que tiene la delicadeza de
enviarle el cadáver de uno de los suyos al malo malísimo (al de la perilla) con
un mensaje. Pero cuando lo hace resulta que Hans (el Final Boss, el hombre perilla)
aún no era consciente de lo que pasaba. Esto... Bruce... ¿El término “factor
sorpresa” no te dice ná, ¿no?
Comprobamos que los malos son muy malos, pero que, además,
tienen muy mala puntería. Le disparan más de mil veces con rifles automáticos y
nada, el tío ahí sigue. Solo uno consigue darle (y de rasquis) en un
brazo. John va tan sobrao que tiene tiempo hasta de pararse a contemplar
un póster en el que aparecen tías en tetas (porque le están persiguiendo para
matarle, pero un hombre de verdad se para a contemplar un póster en el que
aparecen tías en tetas).
Un consejo: Si estás dejando de fumar o piensas hacerlo,
no veas esta película. Se pasan toda la peli fumando. ¡Qué tiempos aquellos en
los que en las películas se usaba laca, tabaco, chistes socarrones y
testosterona por un tubo!
Nuestro John consigue que un policía, solo uno, se pase
por el edificio a ver qué se cuece. El poli resulta ser Carl Winslow que ha
salido de casa porque ya no aguantaba más a Steve Urkel. Carl llega al
edificio, pero no ve nada raro. ¡Ni escucha nada, tampoco! Porque entra dentro
del edificio y en unos pisos más arriba se están cosiendo a metrallazos, pero
él… como si ná. John tiene que enviarle el cadáver de uno de los
terroristas lanzándolo sobre su coche para que se entere de algo. La
sutileza no es fuerte de John. Y la agudeza auditiva no es fuerte de Carl.
Carl y John se comunican por radio toda la película y
entre ellos se crea una relación de amistad súper intensa. Intensa en plan años
ochenta, en plan colegas, pero machos. Son tíos duros, sí, pero sensibles, de
buen corazón y siempre tienen el chiste perfecto para lanzarlo en el momento
adecuado.
El Final Boss, el hombre perilla, busca unos
detonadores que John le ha robado y ¡Oh! ¡Casualidad! ¡Se encuentra con John!
Se hace pasar por uno de los rehenes que se ha escapado, en una interpretación…
¡Buah! A la altura de cualquiera de las interpretaciones de Ben Affleck.
No digo ná… Y lo digo tó…
John, no se lo traga (lo mismo que nos pasa a nosotros con las actuaciones de Ben), pero el hombre perilla tiene tiempo de ver que John va
descalzo (sí, ha matado ya como a cuatro o cinco terroristas, pero ninguno usa
su número de zapatos, ¡qué mala pata!). Hans decide romper todos los cristales
y John acaba escapando a lo faquir, pisando cristales.
Esta escena duele, duele mucho. Todavía duele.
Entonces ocurre lo que ocurre en todas las pelis de
acción: aparece el FBI.
Un par de tipos que se llaman… Se llaman… Uno, Johson, y
el otro… ¡también! En serio, se llaman Johson&Johson. Me imagino al
guionista escribiendo esta escena… Jajajaja… Se van a mear… jajajajaja… Soy un crack…
La cosa es que hacen lo que hacen los agentes del FBI en
estas pelis, a no ser que traten sobre agentes del FBI: cagarla.
Dejan el edificio sin luz y la palman. ¡Bravo, J&J! ¡Lo
habéis petao! Literalmente, porque el helicóptero en el que viajan, estalla.
Esto era lo que los malos querían porque en realidad….
¡Atentos! ¡Giro inesperado!
Nos son terroristas, son simples ladrones.
¡Jamás lo hubiera imaginado! ¡Cómo me han pillado los
guionistas!
La cosa es que, al dejarles sin luz, se abre la caja
fuerte, justo en el momento en el que John está saltando desde el tejado del
edificio, que acaba de explotar, atado con una manguera, descalzo y sangrando,
a causa del único disparo con el que le han conseguido atinar.
A estas alturas John ya no lleva ni camiseta imperio ni ná.
Va a loco, a lo pelo en pecho, a rescatar a su mujer (que está retenida por el Final
Boss). Cuando el hombre perilla tiene a John a su merced hace lo que
hacen todos los malos: en vez de matarle y acabar con el problema, se ponen a
hablar. No mucho rato, pero sí el suficiente para que John repita la
emblemática frase de yipi ka yei hijo de puta y le dé tiempo de coger la
pistola que lleva enganchada a la espalda, le dispare a él y al otro malo
suelto que quedaba vivo por ahí, y caiga por la ventana.
Eso sí, cae, pero con estilo, a cámara lenta y melena al
viento, que pa eso es el malo malísimo.
¡Adiós Hans! ¡Siempre te recordaremos por… por tu perilla
y por tu lacia, pero voluminosa melena europea!
John se convierte en un héroe y salva su matrimonio.
Bueno no, que en las secuelas vemos que al final se
divorcian.
Bueno, se convierte en un héroe reconocido y famoso.
Bueno no, que en las secuelas vemos que es un fracasado
alcohólico que lo ha perdido todo… ¡Hasta el pelo!
¡Joder, John!
No te preocupes, nosotros siempre te querremos. Así de
machote, de tío duro, pero sentimental, de divertido, de despechugado, de
desvergonzado, de temperamental, de icono de una época…
Tras un tiempo, John muere, pero no lo sabe. Por suerte
se comunica con un niño que habla con espíritus y… ¡Espera, espera! Me estoy
liando. Mejor lo dejamos aquí.
¡Ah!
Y fin.
CONCLUSIÓN
Es honesta. No pretende nada más que divertir al
espectador con su ritmo trepidante, su acción frenética y su carismático
protagonista.
En su época marcó un estilo propio, que algunas
producciones intentaron repetir, pero no nos engañemos, Bruce solo hay uno.
Es una película que ha envejecido bien, que todavía es
disfrutable y puede hacer las delicias de niños y mayores.
En conclusión, es una película que pretende entretener y
lo consigue y esto, no es tan fácil como parece.
Y hasta aquí mi análisis
de La jungla de cristal, espero que os haya gustado, o como mínimo, que os haya sacado una
sonrisa.
Podéis dejar en los
comentarios qué película, serie, película de animación o serie de dibujos
animados, os gustaría que analizara. Me encantaría recibir propuestas vuestras
e ir subiendo contenido relacionado con vuestros gustos.
Y si no, pues iré subiendo lo que
me salga del... ¡Hasta aquí hemos llegado!
Me despido rapidito... Con un
besito corto, pero bonito.





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